La Vaporera
3 Abril 2009 por emilio · 1 Comentario
Hace unos días comentaba las virtudes de una vaporera de silicona que me habían regalado recientemente. Se trata de uno de esos objetos culinarios de los que uno podría desconfiar nada más verlo: de silicona y color rojo intenso, con un aspecto muy snob y provocando muchas dudas sobre su practicidad. Como ya habíamos descubierto las ventajas de la silicona en la cocina, sobre todo en moldes y bases de pizza para el horno, pero también en guantes y otros objetos, al menos había que concederle el beneficio de la duda. La vaporera es de la marca Lekue y está disponible en muchas tiendas e incluso en ferreterías. Cuesta entre 25-30 € el modelo familiar para 4-5 pers, que se ve en las fotos, y hay otro modelo más pequeño para 1-2 personas.
La silicona puede soportar temperaturas de hasta 260ºC según el fabricante, y puede utilizarse en el horno normal o en el microondas. Ojo con el tamaño, porque el grande no cabe en todos los microondas. El recipiente se cierra se una forma tan sencilla que resulta sorprendente que retenga el vapor en su interior. Lo hemos probado hasta ahora sólo con pescados y verduras, y el resultado es espectacular por el tiempo, por la sencillez y por la limpieza, pero sobre todo por el punto que coge el pescado. Un pescado viene a tardar 8-9 minutos en horno a 200º y tan sólo 6 minutos en el microondas al máximo. Dada la rapidez de este último, nos hemos acostumbrado a él por pura comodidad, y el punto que da en toda clase de pescados es perfecto. Hemos probado merluza, en colas y en rodajas, bacalao fresco, salmón y caballas fileteadas, y siempre con un gran resultado. Destaco en especial las caballas por ser un tipo de pescado que tiende a quedarse seco en cuanto te pasas un pelo de su punto exacto, y en esta vaporera salió como nunca creo que me he comido otra. El skrei y el salmón también los borda.
El Placer de Comprar Queso
10 Febrero 2009 por emilio · 2 Comentarios
La vida en el centro ofrece pequeños placeres al alcance de cualquiera y para disfrutarlos solo hace falta ser capaz de apreciarlos. A los que nos gusta comer y cocinar, comprar en tiendas donde la calidad es religión y donde se esmera la relación con los clientes nos produce un disfrute difícil de encontrar en los grandes centros comerciales.
Estas sensaciones aún se acentúan en locales especializados y acaban siendo otro de los argumentos de porqué nos gusta vivir en el centro y hacer la compra en el barrio. Tengo la suerte de tener en la manzana en la que vivo una de estas tiendas. Una especial que vende uno de mis alimentos preferidos: quesos. Virginia y Raúl conducen un negocio familiar desde hace años. Gracias al criterio que demuestran a diario en la selección del producto y en el trato con los clientes, su tienda es ya referencia fuera incluso de nuestro barrio y quiero brindaros la oportunidad de conocerla.
La Quesería está en la calle Blasco de Garay de Madrid. El local es pequeño, con puerta a la calle. Dos lecheras antiguas flanquean la entrada cuando la tienda está abierta y forman ya parte del paisaje de esta calle. Nada más entrar se intuye lo que os comentaba con la suma de varios detalles que consiguen crear la atmósfera adecuada para disfrutar no solo mientras se compra, sino también mientras se espera, recreando vista y olfato por igual. Los aromas a embutido de León invitan a acercarse a los estantes de la izquierda, donde además de chorizo y salchichón artesanos, se ordenan sobaos de mantequilla, rosquillas, picos y regañás, mermeladas de cebolla o tomate, miel, aceites de oliva y unas cuantas botellas de vinos de diferente tipo. Nada está por casualidad, la selección de cada producto está justificada por sí misma o para acompañar al auténtico protagonista de este espacio, el queso, que se exhibe frente a nosotros en un mostrador que es una tentación.
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El Coulant de Chocolate (VI): Mi Primer Asalto
22 Noviembre 2008 por emilio · Deja tu comentario
Inicio mi aportación a este blog contando mi experiencia ante el reto del coulant de chocolate, que asumí días atrás, con el riesgo añadido que supone que también se ponga el delantal tu hija de 3 años. El buen rato está asegurado, pero no el éxito final, aunque esta vez no salió mal del todo. Para empezar, la decisión fue improvisada y esto me hizo variar ligeramente las cantidades por no tener de todo en casa, aunque traté de guardar las proporciones en la misma medida que la receta original (salvo las medidas que son de 1 o 3 gramos que las tuve que poner a ojo, confiado en que no fueran decisivas). Otra cosa que no seguí al pie de la letra fue la textura de la mantequilla, que estaba muy fría. Para ablandarla le dí un golpe de microondas, cuando lo que debí haberle dado era un simple empujoncito.
Escéptico, mezclé la mantequilla líquida con el resto de ingredientes y finalmente conseguí una textura uniforme y con buena pinta, aunque me había salido del guión y cualquier cosa podía pasar. Ya sólo quedaba el horno. Antes de esta prueba, el autor de la receta me había dado una muestra de prueba que había horneado en casa según el tiempo establecido y al presentarla se había abierto y desparramado por no haberse hecho lo suficiente, De aquí deduzco que los factores tiempo y temperatura deben verificarse y ser ajustados con cada horno para evitar pequeñas diferencias que puedan hacer variar sensiblemente el resultado. Esa misma noche, metí el primero de los 10 vasitos en horno con ventilador a 180º, y conté 10 minutos. No parecía estar porque no subía y lo dejé un poco más. Al final lo saqué a los 20 minutos,…y sorprendentemente el resultado cumplió. Textura y sabor me parecieron bastante aproximados al original que había probado.



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